Porqué siempre habrá más periferia que centro.

Abrahán R.B. rxba87@gmail.com @abbrahan

miércoles, 18 de junio de 2014

Moral mitológica

Es sorprendente encontrar a personas que, a pesar de decir ser ateas o agnósticas, no han superado una especie de moral de tipo mitológica (o premitológica) basada en la existencia de un infierno o un paraíso. Es decir, aquellas que exijen una necesidad necia de reconocimiento, prestigio o fama, como el cielo por un lado, y por el otro de un miedo a no recibirlos y entender esto último como un castigo infernal.

Casa de Naipes

Disfracemos aquellos molestos momentos con trajes de felicidad, ocultemos sus hirientes rostros, por otros gozosos que disfrutemos. Hipócritas maneras de la moral social. Eludamos la lastimosa crítica, hablemos con un vibrante y portentoso vocabulario repleto de eufemismos. Que sí tenemos un comentario desagradable sobre cualquier cosa, nos lo guardemos para nuestros adentros, sin importar que sean terriblemente ciertos o se encuentren repletos de rencores pútridos, verdaderos. Tratemos con pinzitas a aquellos débiles, pobres, desafortunados, parias, enfermos, aquellos indignos de nuestros destinos, ¡Oh nuestros destinos!, ¡Oh nosotros los bendecidos de esta perdida sociedad!

domingo, 8 de septiembre de 2013

El Autómata Español del Siglo XVI que perturbó al Smithsonian



Robert Darnton en las conclusiones de su gran libro La matanza de gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa, al cuestionarse si a través de la historia de la mentalidades[1] se pueden reunir los mundos simbólicos que desaparecieron hace siglos (el objetivo de su libro), nos ofrece una valiosa sugerencia para hacer contacto con la otredad cultural:"buscar las partes obscuras de los textos". Aquello que aparezca ante nosotros como algo desconcertante, inconcebible, increíble, casi ajeno. Puesto que ahí  esta una clave para esta propuesta que intenta aunar Antropología e Historia. Ahí "podemos haber descubierto un punto válido de ingreso a una mentalidad extraña" (Darnton, 1984:266). La pregunta que surge es ¿Cómo sabemos que ese peculiaridad extraña era un punto relevante en otra cultura y no sólo es una "nota de idiosincrasia individual"?. El propio Darnton dice que este asunto lo deja intranquilo y más adelante en sus conclusiones nos confiesa que no encuentra una manera clara de distinguirlo.
Esto no es un punto que demerite esta propuesta historiográfica: todo lo contrario, es su principal aportación. Puede que aquellos que dicen que esa reconstrucción simbólica de culturas desaparecidas sea imposible tengan toda la razón. Sin embargo lo importante son las contrastaciones que entre si podemos o no, entender los símbolos que son parte de una otredad. Revisar como aquello "obscuro" puede ser tan diferente a nuestros sistemas de valores y a nuestra forma de ver el mundo. Como aquello puede incluso cuestionarlos y, en un inquietante choque de otredades, perturbarnos profundamente. Es decir, al final de cuentas nos dice más de nosotros mismos que de aquellos mundos simbólicos del pasado, quizá si, irreconstruibles. Estas descripciones terminan siendo vívidos reflejos que brindan luces y sombras de aquello que decidamos nombrar como humano.

Bajo esas ideas me tope con este video de un desconcertante autómata del siglo XVI, un monje que reza, y pareciera besar ceremoniosamente una cruz (que ya no está) con tal delicadeza, que sin duda es una obra maestra. Los autómatas son aquellas maquinas que imitan los movimientos de los seres animados y están íntimamente relacionados con el desarrollo de la mecánica, reconociéndolos como los antecesores de la robótica [2]. Se tienen registros de autómatas desde el siglo XIII, tanto en europa como en medio oriente. En cuanto al que nos ocupa hubo una controversia sobre su origen. Por diversas razones no sabían si era alemán o español; o por lo menos, en cuanto al origen del mecánico que lo construyó, porque su historia esta completamente ligado a la historia española. Podría aventurarme a decir, que aquí aparece una primera idea extraña: ¿Un autómata en España en el siglo XVI? ¡Que va! tiene que ser alemán, seguramente de Baviera. Sin embargo la historia sobre el artificio mecánico es tan fascinante como el objeto mismo; ahora conocemos el nombre del probable mecánico español: Juanelo Turriano. El trabajo lo habría realizado durante el reinado de Felipe II. Representa (si es que se puede usar esta palabra en este contexto) al monje que fuera canonizado como San Diego de Alcalá en 1588, quien murierá cien años antes. Se le adjudica el milagro de haber salvado al hijo heredero al trono español, Don Carlos, quién después de darse un golpe en la cabeza estando en la Universidad de Alcalá de Henáres enfermará gravemente. Estando en cama Don Carlos (además de haber sido atendido por los médicos más notables de la época, Andres Vesalio incluido) le fue llevado en procesión el cadáver de Fray Diego de Alcalá para ser puesto a su lado en su lecho para que lo observará y, según el historiador que narre la historia, para que incluso lo tocara. (¿Cómo no podría perturbar esto a las límpidas y laicas conciencias del siglo XXI?). Al día siguiente se habría empezado a recuperar milagrosamente, y bajo petición expresa de Don Carlos, la corte española pediría la canonización del Fraile. Así, el trabajo del mecánico habría sido el de recrear al monje milagroso en una figura mística. Sin embargo la historia, como una disciplina rígida y quisquillosa (o más bien, los historiadores que dicen ejercerla), no puede aceptar del todo esta tentadora respuesta que, a pesar de todo, pareciera dar una explicación tan clara.

Los autómatas en nuestro imaginario están asociados a los robots, y estos a los algoritmos, al surgimiento de la computación y al auge de la tecnología del mundo moderno. Sin embargo esta precisa figura, representa también un mundo irracional, ajeno por completo al mundo racionalista. ¡Cómo puede ser esto! Quizá por esto, varios historiadores no dan crédito de que el monje que vemos en el video se haya construido en la España de la contrarreforma. O que suela olvidarse que los autómatas tuvieron una etapa dorada en el auge del Islam en el siglo XII, con el celebre Al-Jazarī . Occidente suele olvidar que con el mundo musulmán comparte las mismas raíces en la civilización.

En el Smithsonian tuvieron esa impresión, que se resume en la siguiente frase:


“He isn't a clock, he isn't a calculator, he isn't a sculpture, he isn't an icon, he isn't a plaything: he doesn't fit anywhere! We still don't know how to look at him. And he troubles us.”

Él no es un reloj, no es una calculadora, no es una escultura, no es un icono, él no es un juguete: ¡No encaja en ninguna parte! No sabemos todavía como mirarlo. Y eso nos perturba. 

De esta manera, este objeto extraño a los ojos modernos, puede ser una forma de replantearnos la historia de un mundo simbólico de antaño, pero quizás nos diga más del mundo simbólico de nuestros días, de nuestros mitos y leyendas, que queremos ver como pilares de la verdad. Sin embargo, esa tarea no la haré yo, puesto que no soy historiador. Sirva de introducción al texto detallado del autómata que realizó la historiadora del arte, Elizabeth King (en inglés) y que me sirvió de bibliografía:


Notas
[1] Una tradición historiográfica identificada usualmente con la escuela de los Annales.

Bibliografía

Darnton, Robert (1984). La matanza de gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa. Séptima reimpresión en español, FCE, 2009.

viernes, 19 de agosto de 2011

Nodo Global 2: London Burning

Londres, Inglaterra.
Clasificación: Alfa++
Hay solo dos ciudades en el mundo que pueden legítimamente (si es que podemos usar esa palabra para describir una vulgar lucha financiera) competir por el título de nodo global principal de la ciudad global. No es difícil adivinar sus nombres; una pista, ambas son las ciudades principales de los anglo-saxons: Nueva York, y la capital de la llamada perfida albión: Londres. Dejemos la nota sobre la sede de wall street para otra entrada y concentremos en la sede de la City. Después de todo, sin esta no existiría aquella.

Es la capital financiera más antigua del mundo moderno, y quizá vuelva a recuperar pronto con plenitud (brevemente, desde luego) su categoría de "centro y capital del mundo" (recuérdese que desde ahí se mide el mismísimo tiempo con los usos horarios), título que su ingrata hija jankee, osó quitarle durante casi todo el siglo XX. Y a pesar de ostentar ese título, la verdad es que esta capital, ha sufrido lo mismo o más, que cualquier ciudad que se haya urbanizado.
"Guns of Brinxton"

sábado, 11 de junio de 2011

Party-cipation

El uso y sobreuso del término participación en arquitectura proviene principalmente de la política. Por ello es notorio percibir en ella el considerable abuso que ha sufrido en el ámbito político común, el del discurso panfletero, ahí donde suele ser espetada o invocada a la menor provocación, como una especie de conjuro (quizá debido simplemente a su sonoridad) porque pareciera poder trasmitir mágicamente a las masas un discurso políticamente correcto, infaliblemente convencedor. Este equívoco lleva a una de las peores degeneraciones del término: aquella que la concibe como una utopía feliz. Es esta miope consideración la que suele permear con facilidad ciertos espacios académicos. El discurso profundo de la participación en arquitectura y urbanismo consiste precisamente en lo contrario: en abrir las múltiples cajas de pandora de las realidades urbanas y abrirse a reconocer en ellas los conflictos existentes, agrestes, difíciles de abordar, desordenados e inordenables, sin considerarlos de antemano negativos o peligrosos, sin olvidar que desde luego podrían serlo. La pregunta sería entonces ¿si la participación haría que la arquitectura dejará su oficio embaucador, creador de imágenes vanas de espacios idílicos tan ingenuos como perversos, para trabajar con lo existente, con lo que siempre está por reconocerse?