Porqué siempre habrá más periferia que centro.

Abrahán R.B. rxba87@gmail.com @abbrahan

viernes, 26 de septiembre de 2008

Civismo y ciudadania

Ya lo dijo todo Richard Sennett -para quien la ciudad es el espacio común de quienes no tenemos nada en común-, en su libro The Fall of Public Man : "ya que cada uno es, en cierta medida, un gabinete de horrores, las relaciones civilizadas entre individuos sólo pueden proceder en la medida en que los pequeños sucios secretos del deseo, la avaricia o la envidia, permanezcan bien guardados."

domingo, 7 de septiembre de 2008

La Roma Entreabierta


"The past is a foreign country, they do diferently things there"
L.P. Hartley.

De redes, de redes de causas entreveradas, de sus sucesiones, quizás infinitas e incesantes, de redes de deseos, prudentes e insaciables, de recuerdos, yuxtapuestos y compartidos, y de su memoria, pero sobretodo de su olvido, se forma la ciudad, el objeto mas complejo que haya creado la humanidad.

En junio de 2008 debía darme a la tarea de entregar un trabajo final para una materia optativa en la facultad, que era una especie de introducción a algunos temas acerca del arte, la arquitectura, la ciudad y la relación entre ellos . El trabajo consistía en hacer una pequeña obra que repasara alguno de los temas vistos en la clase. En principio sonaba sencillo, fácil, pero de hecho me había atrasado con el mismo y justo un día antes de la entrega, no tenia la menor idea de que hacer.
Entre las obras que revisamos en clase se encontraba la novela corta "batallas en el desierto" de José Emilio Pacheco, la cual tomé como pretexto y la aproveché como último recurso para ir a la colonia Roma a hacer un recorrido y registro actual de esos puntos de la ciudad que se describen en la novela, pegarlos en una lámina y contar algo sobre la ciudad y la imagen de la ciudad que todos creamos, como esta siempre cambia y que la memoria colectiva... etcétera, etcétera. Mi primer plan era hacer un recorrido por Córdoba, empezar con las fotografías de la calle de Tabasco a la calle de Zacatecas que en la novela corresponde al momento en que él personaje principal Carlos regresa a su hogar de la casa de Mariana y de su hijo Jim, su mejor amigo. Pacheco en esos fragmentos, hace una breve pero bella descripción, quizás triste, pero no nostálgica, de esa colonia Roma en decadencia, y de aquella ciudad de México, que rápidamente dejaba de ser esa ciudad tradicional para convertirse en la tremenda metrópolis que ahora conocemos. En ese momento de la novela, el punto mas importante para mi era en el que Carlos se detenía un momento a contemplar el cruce de la avenida Álvaro Obregón, y la calle de Córdoba, consciente de que nunca volvería a ser la misma ciudad.

Carlos, recorre esas calles en la noche, de hecho es tarde y teme el regaño de sus padres. La hora es mencionada, 8:30 de la noche. Yo llego bastante temprano, con la intención de hacer un registro con la luz del atardecer con mi pequeña y recién estrenada olympus que semanas después me robarían sin que lo notase hasta muy tarde en un bar en el centro. Llegó por el metro insurgentes de ahí me dirijo a la salida de la calle Xalapa para después dar vuelta por la calle de Puebla hasta el cruce con la calle de Córdoba, que para los fines de mi tarea, es la que a mí me interesa. Cruzo la calle de Tabasco (donde vive Mariana) y continuo caminando y tomando un registro fotográfico. Alrededor de las 6:25 de la tarde cruzo Álvaro Obregón, observo un cruce de avenidas que podría ser cualquier otro en esta ciudad y continuo, entonces justo antes de cruzar Guanajuato, ocurre una pequeña epifanía que me conmovió profundamente y le dio todo el sentido a mi piltrafa de trabajo.
A través de la pantallita de la cámara me percaté que tirado sobre la banqueta, estaba la pasta dura de lo que había sido un "American Civil Engineers' pocket book" y decidí seguir caminando, hasta que un instante después recapacité, quizá merecía más de una foto para el registro. Al darme vuelta descubrí que había muchos, pero muchos más papeles sobre la banqueta. A poca distancia sobre ese mismo lado de la calle los custodios de un banco se extrañaban por verme fotografiar y después tomar esos papeles viejos, cuando justo empezaba a llover, justo a tiempo para evitar que estos papeles de mojarán. Tomé la portada del libro de bolsillo y al hojear las cuatro hojas que le quedaban, descubrí que era un libro impreso en marzo de 1911, entonces abrí un sobre grande y encontré los planos de un edificio en la colonia San Rafael, de un estilo que bien podría ser Art Decó, seguramente de finales de los 40, que no llevaba ninguna fecha que lo corroborará. Siendo yo estudiante de arquitectura me emocioné sobremanera con ellos, estaba sin duda frente a los papeles de algún viejo ingeniero de la Roma que vivió en los mismos años que describe la breve novela de Pacheco; fascinante. Abriendo mi paraguas y después de guardar mi cámara, saque más papeles de los sobres. Había una revista de los años cincuenta y más planos, algunas hojas del manual de ingenieros, la portada de un vademecum de caligrafía y el tesoro quizá mas preciado, por ser el que mas cuidadosamente encontré conservado: dos cartas en perfecto estado. Una con una caligrafía indescifrable y con un contenido demasiado críptico del que poco entendí. Pero la otra era mas clara, tanto así que por fin descubría el nombre del antiguo dueño de estos papeles; el destinatario de esa carta era el ingeniero Eduartdo A. Ferat, fechada el 25 de agosto de 1946, escrita en Tampico, Tamaulipas (El membrete de la hoja lo hacia constar, además de que perteneció a la "Botica San Francisco" en Juárez y Comonfort no. 1, teléfono 249). En el fondo del sobre también encontré, como una recompensa final, la foto de quién firma la carta, una joven de nombre Minerva.
La carta fue dirigida al ingeniero cuando este se encontraba trabajando en Reynosa. Desde luego no voy a trascribir la carta, pero puedo describir que Minerva desperdicia tres cuartas partes de ella contándole como se le fueron tres cuartas partes de su domingo en diferentes y aburridos menesteres, como ir a misa y quedarse a platicar con sus tías y amigas, "echando el chisme" y de como al llover ella se mojo por quedarse tanto tiempo platicando. Cuando se percata que el espacio en blanco se le acaba, cambia su tono y escribe cosas que importan más, como que extraña mucho al señor Eduardo y que ya lo quiere ver, y que dios quiera que este 5 de septiembre ya pueda ir a Tampico... para terminar apretando su letra en lineas verticales al borde de la hoja:
"Bueno Ed, es todo por ahora, recibe todo mi amor. Minerva."

Minerva, su carta y su letra.


















Posdata.
La presentación fue mejor de lo que me esperaba. Creo que conmoví a la gente lo suficiente para compartir una breve empatía con mi sorpresa y alegría por esta pequeña epifanía. Pero me pusieron ocho, por la culpa de la desagradable adjunta a la que siempre le caí mal, o eso quiero y deseo suponer...

Optimista

Primero, debemos recordar eso que todos sabemos, que vivimos en una nación con una cultura en franca decadencia. Lo cual no es tan malo como suena. Podríamos abocarnos a la tarea de rastrear como en casi todas las épocas, personajes contemporáneos a ellas minimamente lucidos las han calificado como decadentes. Y también debemos recordar, que todas las nombradas épocas doradas y auges de una cultura, siempre son títulos otorgados de manera retroactiva. Casí podría asegurar que sus contemporáneos no hubieran calificado así a sus respectivos tiempos que les toco vivir. Digo esto, intentando no caer en aquella sentencia nostálgica que todo lo embarra de parcialidad, que dice que todo tiempo pasado fue mejor. A veces sucede que la relación de sus virtudes y desventajas difícilmente pueden ser equilibradas por algún individuo imbuido en una época, en la que hablaría más bien la suerte particular de su respectiva vida, sea está afortunada, terrible o mediocre.
Así que sin saberlo, podríamos estar viviendo una edad dorada y nosotros renegando de ella. Lo más probable es que el futuro será tan o más decadente de como lo es el presente. Soy de esos optimistas que considera que ¡Si podemos estar peor!. ¿Para que desanimarse? sólo no hay que aferrarse ni someterse jamás a esas circunstancias funestas presentes Ad æternum.

Ciudad Difusa

Soy un perirubanita. Cuando nací, el pueblo de donde es toda mi familia, estaba en el proceso de convertirse en parte de la zona metropolitana del valle de méxico, como con otros tantos pueblos ha pasado. A pesar de vivir en una zona cercana al campo y a campesinos, estos eran cada vez menos; la urbanización se estaba encargando de deshacer un paisaje viejo, polvoriento y asoleado para cambiarlo por un modelo de nuevas formas de vida, que dibujan un nuevo paisaje, difuso, desgarrado, que es lo que llaman moderno, pero igual de polvoriento que el anterior.
Ese campo, por lo tanto, me es ajeno y sólo es mío en los relatos de mis padres y de mis abuelos, en un pasado nostálgico siempre idealizado, en el que mis antepasados forman parte heroica de la historia del país, sobre todo de esa gran epopeya (revuelta) de campesinos que fue la revolución mexicana, luchando en las bolas que seguían a Zapata o Villa, y participando de la reforma agraria que les daba en propiedad la tierra que antes trabajaban para el hacendado del lugar, del cacique de la región. Aunque sé que en el fondo se sienten satisfechos de que ese pasado ya no puede volver a ellos. No los juzgo por ello. Mi abuela recuerda que los meses de hambre eran junio y agosto, en los cuales la cosecha del año anterior estaba por acabarse y la nueva aún no estaba madura como para comerse. Yo no sé que es el hambre. Los nahuas decían (y dicen) que no se puede conocer la verdad si no se conoce el hambre. Yo crecí en una zona rural pero con muchas de las comodidades de quien vive en la ciudad. A diferencia de muchos urbanitas o habitantes de la ciudad central, yo no tuve que abandonar el terruño de origen para disponer de las ventajas de la vida moderna, ellas llegaron a nosotros como si hubieran llegado por su propio pie.
Estoy fuera de la ciudad pero también fuera del campo. Esa vieja dicotomía ya no existe, ya no dice nada. El mundo moderno la ha anulado. No hay campo ya, hay ciudad en el campo y una nueva forma de ciudad construyéndose de esa forma. Una ciudad abierta, desgarrada, fragmentada, enorme, creciendo hacia todos lados. Una ciudad difusa.

remanente agrícola en la periferia de la ciudad, paisajes que se desvanecen de la cuenca de México.
Vista de lo que fuera el lago de texcoco y ahora es una estepa con vegetación baja.