Porqué siempre habrá más periferia que centro.

Abrahán R.B. rxba87@gmail.com @abbrahan

jueves, 23 de julio de 2009

Sueños en el Centro

La última vez que soñé, estaba en el centro histórico de la ciudad de México, o mas bien yo sabia que esa ciudad que soñaba era el centro histórico de la ciudad de México, puesto que, como suele suceder en los sueños, estos se reconstruyen con pedazos y secciones de la realidad, o desde cero, con otras referencias ajenas a lo concreto, que la mente lleva al escenario onírico con una aparente intransigencia de tal brutalidad y con tal contundencia y magnificencia que en ocasiones me confunde y los pienso mejor que lo que comparto en la realidad material con todos ustedes. No se me tome por arrogante o pedante, que por otro lado son vicios que nunca he negado, pero me refiero a que sé de antemano que todo ser humano es capaz de estos sueños, y sin duda es capaz de soñar mucho mejores... sé que tampoco tendré acceso a muchos de ellos, pero trato de no reparar en ello y el hecho de que lo transcriba en estas lineas, no radica mas allá de la intención de darle un mejor uso a un insomnio patológico que me cargo desde hace dos días... tómese en cuenta que en mi condición de periurbanita me resulta algo frecuente el soñar con el centro de la ciudad.

Identidad Institucional

Era la Identidad Institucional, un camino claro a la creación de un ámbito docente y laboral, decente, apropiado y apropiable, digno, pero sobretodo serio. La seriedad es lo mas importante aquí. No se quiere andar jugando ni divagando en asuntos nimios ni triviales, aquí se hablará con personas adultas, y maduras, con diálogos académicos serios, en los que aquellos analfabetas secundarios que prolíficamente cubren y se reproducen por el resto de la realidad, no tendrán cabida, ni ellos ni su frívolo mundo. Aquí no. Aquí no habrá lugar para ello.
Ahora lo mas importante era conseguir a buen precio una placa conmemorativa para colocarla frente al salón que nos sería cedido, con la intención de que quedará muy claro que no estábamos bromeando y de que hablábamos muy en serio. Y por supuesto deberíamos escribir en el letrero de forma clara y sutil, lo que en un llano castellano diría algo así como “prohibido el paso”.