Porqué siempre habrá más periferia que centro.

Abrahán R.B. rxba87@gmail.com @abbrahan

viernes, 23 de abril de 2010

No hagas cosas buenas que te sacarán los ojos. Segunda Parte.

La frase que da nombre a una entrada de este blog por segunda vez, no augura un buen destino a aquellos a quienes se les aplique, sin embargo, las historias a las que podría servir de moraleja, son muchas. Enumerarlas, aparte de tedioso y aburrido, es imposible; así que es mejor olvidar ese detalle. Es mejor recordar, como todo el mundo sabe que cuando se desea ejemplificar una situación en la historia que ha pasado más de una vez, se puede hablar de la que sucedió en tiempos del Imperio Romano. Seguramente será de las más interesantes y de los mas bellamente ejecutadas. Como decía Marx, quien a su vez recordaba a Hegel, los momentos de gran importancia en la historia ocurren primero como un drama y después... como una farsa. De ahí que me atreva a pensar que estos actos degenerán cuantas más veces se repitan en el tiempo. Es por eso del descontento y asco vomitivo in crescendo hacia las absurdas pantomimas de los guiñapos políticos de nuestros días, pero eso es otro tema. Sabemos que la historia romana no fue la primera, pero también sabemos que nadie recuerda como fue la primera, todos los hombres originales han muerto y hemos olvidado sus nombres. Ahora descansan en paz en la eternidad y no se revuelcan en sus tumbas, como es meritorio a los hombres justos. No así los muchos romanos de los cuales conservamos sus registros, asi que es mejor fiarse de ellos que recordar recientes patetismos, aparte de que las noticias de actualidad están sobrevaloradas y personalmente pienso que es de mal gusto preocuparse en demasía por ellas.
Quisiera entonces relatar de forma breve uno de los momentos más conmovedores y patéticos de la República Romana, lo cual no es poco decir. Durante los años entre la segunda y la tercera guerra púnicas y así como los años posteriores a ellas, una de las familias patricias más renombradas y con más poder en Roma, fue la de los Graco. Uno de sus miembros, Tiberio Graco padre, fue un militar romano que luchó contra los cartaginenses durante las primeras guerras púnicas, en las cuales forjó para sí una un lugar bastante respetado dentro de las esferas del poder romanas. Su hijo primogénito Tiberio Sempronio Graco, de alguna forma siempre vivió a la sombra de los actos heroicos de su padre. Él participaría en la tercera guerra púnica, que implicó la destrucción de Cartago, con la simbólica
siembra de sal en sus campos. Se dice que en el asalto final fue el primero en escalar sus murallas, aunque no sabemos si esto no es más que un rumor si nos parece mostrar la imagen de un hombre deseoso de heroismo. Después participaría como cuestor en las campañas romanas en Numancia, en la llamada Tercera Guerra Celtíbera, de lo que fueron las guerras de conquista romana de lo que seria Hispania, a sus habitantes de origen celta. En esos combates, salvaría a las huestes romanas de su total aniquilación a manos de una fuertes tribus celtíberas, después de una humillante derrota militar, a través de un gran tratado diplomático que el senado romano consideraría vergonzoso.
Sin embargo, la obra por la que sería recordado para la posteridad la realizaría cuando obtuvo el cargo de Tribuno de la Plebe e intentó cambiar la paupérrima y desoladora condición del pueblo romano, a través de una reforma de una radicalidad sin precedentes. Tiberio Graco se dio cuenta que la pobreza existente era producto de la inequitativa distribución de la riqueza (comprobemos aquí como la historia se repite una y otra y otra vez hasta el hastío) y que para solucionar esto se necesitaba una redistribución de la tierra, que repartiera en muchas más manos los grandes latifundios que estaban en manos de unas poquísimas familias patricias. ¡Y presto! había surgido la primera propuesta de reforma agraria, como tal, que se recuerde. Ésta iniciativa se apoyaba en viejas leyes que Graco desempolvó para darle legitimidad a su propuesta. Por supuesto que en un principio el pueblo se volcó con júbilo y admiración hacía el reformador, lo que inmediatamente perturbó a la alta sociedad romana que acusó a Tiberio de populista, radical y alborotador, que sólo buscaba el poder. Lo cuál no era falso del todo, era obvio que quién pudiera promover y promulgar una ley así se convertiría en un hombre poderosísimo y tendría una fama entre la gente común que podría rivalizar con cualquier héroe anterior de la república. Pero esto no sería así. Las altas esferas romanas se encargarían de manipular a la masa del vulgo, para hacer parecer al joven reformista como un ser malvado y envilecido cegado por la sed del poder, que buscaba proclamarse Rey de Roma; lo cual era de las peores cosas que podría desear para si mismo cualquier ciudadano de la república. Con esto lograrían que el pueblo se volviera en contra de Tiberio con odio, casi tan rápido como se abalanzó alegre hacía él. El otrora defensor de la plebe era ahora su potencial tirano, al que había que detener a cualquier precio. En sus momentos finales, Tiberio fue perseguido por las calles de Roma para después ser linchado a manos de la muchedumbre, ayudada por varios de sus opositores tribunos y miembros del senado, quienes finalmente aventarían su cuerpo a las aguas del Tiber. Sin embargo las reformas de Tiberio tendrían otro breve renacer con su hermano Gayo Graco, como su nuevo promotor, quien correría también con la suerte del hermano primogénito. Al final las cúpulas del poder romano permanecerían con sus intereses intactos. La plebe romana quedaría igual de pobre como había sido siempre y como lo sería hasta el fin mismo de la República y el Imperio.
¿Fueron los hermanos Graco, demasiado radicales? Sin duda lo fueron, por eso mismo me parecen admirables. A pesar de que no puedo dejar de pensar que fue su deseo de prestigio, fama y poder uno de los principales motores de estas reformas. Sin duda una historia irónica y trágica, que aplica al refrán: "No hagas cosas buenas, que te sacarán los ojos". No hagas cosas buenas, que aventarán tu cadáver al río Tiber.
Los hermanos Cayo y Tiberio Graco.

miércoles, 21 de abril de 2010

No hagas cosas buenas que te sacarán los ojos.

Jugaba con una amiga a combinar refranes cuando a ella se le ocurrió la ingeniosa sentencia que da título a esta entrada. He decidido no darle el crédito y no mencionar su nombre, por que ella no tiene blog, ni tuitah y lo escribió en facebook y eso no cuenta, por lo que es bastante probable que no se entere, a menos que lo googlee y entonces llegue a está entrada, que de hecho ya ha pasado, cuando esto era un inocente tuit, que yo sé, la tomará como la pequeña broma que es, y nos podremos reír de esto en el futuro mientras contemplamos un atardecer.
Como sea, lo importante aquí es el neo refrán que ha surgido para enriquecer nuestra querida sabiduría popular. Me he quedado pensando un largo rato sobre lo atinada que es. Dos imagenes vinieron a mi mente, la primera fue cierta película que vi años atrás cuyo nombre no recordaba, pero que gracias a la magia del internet, revisé que se llama Manderley, de Lars Von Trier, la segunda parte de la trilogía de la cual forma parte Dogville, que lleva por nombre "USA, Land of oportunities", y está es música del soundtrack:
(Spoiler Alert on) Manderlay es una película polémica que me impresionó mucho la primera vez que la vi. Ahora mismo revisando como la ha tratado la crítica desde su estreno (2005) descubro que no muy bien, principalmente a que la polémica se centro en el hecho de que el director asesino un asno frente a las cámaras para el filme; escena que fue editada y que para nada recuerdo.
Pero lo que me impresionó más fue la trama. En una plantación algodonera en algún estado sureño de los Estados Unidos (que me parece es Alabama en los años treinta) una joven mujer, inteligente, bella y liberal, hija del dueño de la hacienda, llega a hacerse cargo. Para la sorpresa de Grace (Bryce Dallas Howard) se encuentra en un sitio donde la esclavitud permanece intacta como si la guerra civil gringa no hubiese existido. Entonces, con todas las buenas intenciones del mundo, se propone cambiar esto y ayudar a la gente. Pero todo le sale terriblemente mal, logrando que poco a poco, conforme avanza la trama se convierta en una promotora del racismo y la segregación que tanto odia. La película, siguiendo un estilo de cine minimalista, es cercana a una puesta de obra de teatro experimental (sic), en donde los edificios están marcados con gis en el suelo negro y sólo los vestuarios de los personajes y algunos objetos están ambientados en la época; lo cual me parece francamente bello; tanto, como el personaje de Grace, que representa a tantos y tantos otros seres reales, convencidos de que tienen "la" razón y en su fe ciega de la existencia de un bien absoluto (el cual sólo tienen que divulgar y aplicar por todo el mundo) han llegado a cometer atroces crímenes.
Ahora mismo reviso que Triers recibió comentarios del tipo: "Von Trier is not so much a filmmaker as a misanthropic mesmerist, who uses movies to bend the viewer to his humorless will,", desde luego de periódicos Gringos, The New York Times para ser exactos. Transcribo otro de Los Angeles Times: "Trier gets lost in his own rethoric". Claro que una crítica tan directa a los valores baluartes de la nación norteamericana, de libertad, igualdad y democracia, debe ser calificada con ese tipo de comentarios, los cuales para mi, sobre todo si revisamos de quienes provienen, no pueden si no hablar bien de la película, ¡ya tengo ganas de volverla a ver!
Grace, la mujer idealista de la película, al final se ve envuelta en una tragedia, que irónicamente ella misma provocó, se convierte en la villana de la película. ¿Por qué la necesidad de imponer el bien, que a cada quién le ha sido inculcado de forma diferente? ¿Como puedo saber sí para los demás es bueno lo que para mi sí lo es?¿No la necesidad de hacerse mártires del ideal de justicia (del suyo propio) es una imperiosa necesidad de morir de forma arrogante para ser elevados a los pedestales de los altares de esos mismos ideales de justicia? ¿No hay algo de hipocresía en eso?


Y bueno para relajarse nada mejor que oír a David Bowie, en esta canción que también es parte del soundtrack de Manderlay, que va a tono con los gringos y sus ficciones de libertad, democracia e igualdad.

Entrada Bizantina

El imperio que ahora denominamos como Bizantino, el imperio Romano de Oriente, jamás uso para sí ese término como apelativo, para sus habitantes ellos nunca dejaron de ser Romanos, aún después de adoptar el griego como idioma oficial. El termino Bizantino fue usado por un historiador alemán del siglo XVI para diferenciarlo de los periodos clásicos de grecia y roma. Pero la mayoría de los prejuicios, con los que se ha cargado a la palabra bizantino, se acumularían y resplandecerían con todo su patético brillo en muchas obras decimonónicas, principalmente de aquellos autores que pertenecen a aquellas naciones que nunca aceptarán al Imperio con capital en Constantinopla (llamada por sus habitantes como Nueva Roma) como el “legítimo” heredero de la Roma clásica. Precisamente aquellas naciones que descienden de los bárbaros que en su admiración por Roma y deseos de ser Romanizados destruyeron la fracción occidental del imperio. Así pues, en las obras de sus intelectuales se encargaron de borrar, vituperear y calumniar la herencia del Basileía Romaíon (como se nombraba así mismo el imperio romano oriental) resaltando para la posteridad sus vicios y defectos, llegando al extremo de que la palabra “bizantino”, se use para adjetivar aquellas acciones rebuscadas, complejas, que hacen referencia a las historias de intrigas alrededor del trono bizantino o alrededor de las discusiones teológicas de la iglesia ortodoxa, que a nuestros ojos, o los de alguien más, pueden parecer intrascendentes… ¡Cómo sí las intrigas y vicios intrascendentes de la historia política, teológica, etcétera, le fueran ajenas a occidente! Basta revisar cualquier periodo histórico (e histérico) de la llamada Europa Occidental, para comprobar que heredaron mas cosas del Basileía Romaíon, de lo que están dispuestos a aceptar.

Ante el uso del término Bizantino, asistimos a un uso publicitario y propagandístico de autoafirmación cultural, algo que Europa sabe hacer muy bien… lo aprendió de los mejores… de sus padres Romanos, occidentales y desde luego… Orientales.