Porqué siempre habrá más periferia que centro.

Abrahán R.B. rxba87@gmail.com @abbrahan

lunes, 11 de octubre de 2010

Rem Koolhaas, arquitecto cínico.


Si existe un arquitecto miembro del banal y ridículo Superstar system, que demuestra algún tipo de lucidez intelectual, y que por lo mismo, supera el discurso ingenuo, naif, bien intencionado pero torpe, y los clichés de la mayoría de los arquitectos, este puede ser Rem Koolhaas. Por supuesto que sus posturas no rebasan nunca cierta linea que no las deja llegar a ser autocríticas serias, consistentes, más bien las hace permanecer en un discurso que no va mucho más allá del cinismo. Es una postura eficaz y, contrastada con el medio, ciertamente más honesta, de parte de alguien que se mueve mucho entre los deslumbrantes y anestesiantes reflectores de la arquitectura globalizada.

Su historia personal es interesante, es hijo de un intelectual holandés que ayudó de forma importante en sus escritos a defender la lucha de independencia de Indonesia del dominio Neerlandés, y al concretarse esta última, fue invitado a vivir en Yakarta por una temporada, colaborando con el programa cultural del joven gobierno indonesio. Koolhaas mismo ha declarado que esta fue una importante etapa de su vida, de la que dice que vivió, como un asiático[1]. Suponemos que el hecho de pasar de vivir en una de las naciones más desarrolladas del mundo, a hacerlo en una de las llamadas naciones del tercer mundo, lo marcó profundamente para poder acercarse de forma más abierta a la arquitectura en el futuro.
Sin embargo la arquitectura no fue su primera opción, el arquitecto que pregona "que muy pocos arquitectos escriben en estos días", deseaba ser escritor. Trabajó para un periódico de la Haya y años después estudió en Amsterdam en la academia holandesa de cine y televisión, de la cual deseaba egresar como guionista, profesión que desarrollo sin una gran repercusión, y hasta colaboró en el guión de una película porno de producción norteamericana [2]. Así que quizá basado en su exitosa experiencia como guionista, es que a la edad de 24 años, en 1968, decidió matricularse en la carrera de arquitectura en la Architectural Association of London, considerada una de las escuela más costosa del tipo del planeta.



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(oma.eu)


Citar como un acto de honestidad intelectual

Cuando se escribe, cuando se habla, citar más que un acto de vanidad, lo es de civilidad. Se trata ante todo de una abierta manifestación de honestidad intelectual y, por lo mismo, es un acto de lucidez; sólo un demente creería estar en condiciones de decir que sabe todo lo que dice por sí mismo. Si esto fuera verdad ni siquiera podría comunicarlo a alguien más. Los hombres originales han muerto y hemos olvidado sus nombres. Quizá fue lo mejor, nadie puede tener certeza alguna al hacerles algún reproche. Tan sólo plantearlo suena inútil. Descansan honorablemente en lugares lejos de nuestra memoria con formas menos precisas que las de los fantasmas.

Recordamos aquel lugar común que suele argumentar que “todo ser humano es digno de todas las palabras y las ideas; todas son nuestras, ninguna es de alguien” (por respeto al intelecto del autor de esta frase memorable, no se citará su nombre) . La primera sentencia es una perogrullada, al igual que la segunda. Habría que apuntar que ser digno no quiere decir que de hecho, se posean. En vano podríamos esforzarnos en enlistar a todas aquellas lenguas que generaron una escritura que no podremos poseer por más dignos que seamos. Existe gente que dedica esfuerzos encomiables para hacerlo, pero en general, una vida humana no alcanza para descifrar una escritura o una lengua muerta.
No hay pues en el acto de citar un reconocimiento de pertenencia, ni mucho menos se refrenda un acto de “propiedad” del conocimiento. Nada de eso. Es factible que todos los hombres puedan llegar a todas las ideas, eso no es algo descabellado, pero llegar a ellas con las mismas palabras y erratas si que es bastante improbable. La razón es simple y reside, a grosso modo, en el hecho de que el lenguaje es resultado y expresión de la estructuración del pensamiento de un determinado cerebro, es decir, es la manifestación de un individuo; recordemos que quizá no hay nada más dinámico que el lenguaje (son tan efímeras sus convencionalismos dados en volátiles acuerdos sociales) que no hay mejor forma de sumergirse en una determinada época que mediante lo que alguien haya escrito en ella. Siempre es un reto entender algún texto de tiempos remotos aun se haya escrito en la misma lengua. Borges escribió que leer un libro antiguo es leer el tiempo que ha pasado desde que se escribió hasta el presente. Porque la escritura fija en el tiempo las palabras; en cierta forma las mata (recuerdése el horror y el contínuo rechazo de Socrátes hacia la palabra escrita) o más bien, las encierra, porque en cada lectura también se liberan de formas inusitadas. Citar es también ser atento con el lector puesto que comparte sus lecturas hechas. Es decir, el que cita otorga las lecturas que quien escribe ha realizado. Quién no lo hace, aparte de egoísta, plagia y miente. Hace pasar por suyo lo que escribió otro.
Baste agregar que al citar sólo se reconoce que alguien ya dijo algo antes. Quien lo hace así, simplemente reconoce que eso que cita no lo escribió él. Eso es todo. Se cita al individuo que seguramente lo recibió de alguien más y este a su vez de otros y así hasta el remoto tiempo mitológico de los hombres originales.

viernes, 8 de octubre de 2010

Es cuestión de eficiencia

Desde hace algunas semanas, un amigo bastante cercano ha asistido a varias fiestas, a las que ha sido invitado por su novia, con quien salé desde hace algún tiempo. Ella es una francesa que trabaja para una oficina de fomento para el desarrollo. Lleva en el país alrededor de un año y es por ello que conoce varias personas del medio laboral relacionado a abogados, economistas, banqueros, etcétera, a parte de aquellos europeos que también viven en la ciudad y entre los que cuenta con varios amigos.

Mi amigo, tiene una afinidad por Francia. Hace dos años regresó de un intercambio académico de un año con una escuela de arquitectura de París. Desde entonces todas sus novias han sido europeas. Aunque es la primera vez que conoce a alguien que trabaje en una oficina de fomento para el desarrollo. ¿Pero como trabaja una oficina de ese tipo? porque ni siquiera sabía que existían, mucho menos que Francia estaba interesada en nuestro desarrollo, y no sé si debería agradecérselos. Sin investigar a profundidad y movido por una sana curiosidad, averigüé que funcionan otorgando créditos. Todavía no sé a quien o a quienes. Lo cierto es que cada vez veo más franceses en la ciudad, tal vez es mi culpa notarlos ahora más por tener un amigo "francofílico", aunque quizá siempre habían estado ahí. Como fuere, en principio, no me molestan ya que el país galo ha tenido la bondad de enviarnos a sus ciudadanos jóvenes más amables, agradables y sencillos. Sinceramente se agradece. No hay nada más molesto que comprobar clichés culturales en personas reales mientras uno intenta convivir y a la vez obtener algunos pocos datos de ciertas instituciones que otorgan créditos. Supongo que son casas de empeño a escala urbana, es decir, con clientes como ayuntamientos, gobiernos locales o algunas empresas privadas. Sin duda sospechosas.

En una de esas fiestas, mi amigo conoció a una estudiante de economía del tecnológico de Monterrey. Ella, como quien guarda un solo tema de conversación y lo espeta a la menor provocación, le profirió que la culpa del "atraso económico" de los indígenas de México, la tienen ellos mismos por ser tan ineficientes.

domingo, 3 de octubre de 2010

Clichés

Habría que pedirles que no se recargaran tanto en aquellos clichés que antaño pregonaban tanto detestar. Sus continuos lamentos terminan siendo gritos que desesperados, aullan por un poco de atención. Se les hubiera pedido que se detuviesen, que callaran, o que simplemente dejaran de molestar. Pero no sucedería así, porque en su caso especial les sería dispensado. Y otra vez, apoyándose en el perdón social que tantas veces han repudiado, cuando no son ellos a quienes se les he concedido, claro está. Entonces termina siendo lastimoso ver como caen en aquellos callejones sin salida en los cuales derraman su hipocresía a voluntad y se les aplaude por ello. Es lastimoso saber, que conociendo otras alternativas, elijan precisamente la ruta fácil, esa de la que tantas veces antes se burlaron. Y que no hay personas extraordinarias, porque tarde que temprano todos cumplen cabalmente con el traje que se les ha hecho. Y aquellos que lo tiran, lo hacen, precisamente porque para eso les fue hecho.

viernes, 1 de octubre de 2010

Haz patria, mata un nacionalismo

¿Hacia que lugar se piensa que nos pueden llevar los panfletos nacionalistas, los cursis discursos patrioteros? ¿Hacia que inmundo lugar llegaremos arrastrando una torpe burla coja y manca, hacia donde con la caricatura barata de una imagen ingenua?. Tan ridícula como simple, tan boba como absurda.